Alejandro Moreno señaló que las acusaciones contra el morenista Rocha Moya reflejan un límite crítico en la democracia. El presidente del PRI advierte sobre la colusión entre política y crimen.

La salida de Rubén Rocha Moya no solo representa una crisis política o institucional, sino la evidencia de un límite que, para Alejandro Moreno, la democracia no puede permitirse cruzar. El presidente nacional del PRI afirmó que los señalamientos que vinculan a actores de Morena con narcopolíticos colocan al país frente a una disyuntiva fundamental: mantener la legalidad como base del sistema o permitir que la política se mezcle con intereses criminales que la distorsionan desde su origen.

Alejandro Moreno explicó que la democracia puede enfrentar errores, tensiones y diferencias entre fuerzas políticas, pero existe una frontera clara que no admite matices: la relación entre poder público y crimen organizado. En ese sentido, el caso Rocha se convierte en un punto de referencia, ya que expone lo que ocurre cuando esa línea se desdibuja. No se trata solo de un cuestionamiento individual, sino de un escenario donde la legitimidad del sistema se pone en riesgo.

El presidente del PRI sostuvo que la presencia de narcopolíticos en espacios de decisión altera la esencia misma de la democracia. Cuando el poder puede estar influido por estructuras criminales, las reglas dejan de operar en igualdad de condiciones. Alejandro Moreno advirtió que en estos contextos, la competencia política pierde sentido, ya que no todos los actores participan bajo los mismos parámetros ni con las mismas garantías.

A partir de lo ocurrido en Sinaloa, Alejandro Moreno planteó que el problema no radica únicamente en las acusaciones, sino en la forma en que se responde a ellas. Cuando se permite que figuras bajo este tipo de señalamientos permanezcan en el poder, se envía un mensaje de tolerancia que debilita el marco democrático. La salida de Rocha Moya, explicó, llega en un momento donde el costo político hizo imposible sostener esa posición, pero no borra el impacto generado.

El líder priista también subrayó que este tipo de episodios obliga a replantear la forma en que se entiende la responsabilidad pública. No basta con administrar crisis cuando estallan, sino que es necesario establecer límites claros desde el inicio. Alejandro Moreno insistió en que permitir cualquier tipo de cercanía entre política y crimen organizado abre la puerta a un deterioro progresivo del sistema, donde las instituciones pierden fuerza y la ciudadanía pierde confianza.

Finalmente, Alejandro Moreno afirmó que el caso Rocha debe servir como un punto de inflexión para México. El presidente del PRI reiteró que la democracia no puede sostenerse si se normaliza la presencia de narcopolíticos en el poder. En ese terreno, concluyó, no hay espacio para ambigüedades: o se fortalece el Estado de derecho con acciones firmes, o se corre el riesgo de que la política deje de responder a la ciudadanía y termine subordinada a intereses que la socavan.